Esta semana, la Corte Suprema de Brasil decidió de manera unánime enviar a juicio al expresidente Jair Bolsonaro bajo acusaciones de intento de golpe de Estado, tras su derrota en las elecciones de 2022 frente al actual presidente, Luiz Inácio Lula da Silva. Bolsonaro, junto con otros siete acusados, entre los que se encuentran militares de alto rango y exministros de su gobierno, enfrenta cargos por “abolición violenta del Estado democrático de derecho, intento de golpe de Estado, implicación en organización criminal armada, daño calificado y deterioro de patrimonio”.

Desde Escenario Mundial entrevistamos al sociólogo y profesor de la FMU FIAAM, FAAM, Vinicius Mendes, para poder tener un abordaje más completo, y de primera mano, sobre lo que sucede en Brasil y los escenarios políticos que le esperan a la principal economía de Sudamérica de cara a las elecciones presidenciales de 2026.
Escenario Mundial: ¿Cómo afecta este juicio las perspectivas electorales de la derecha en Brasil de cara a las elecciones presidenciales de 2026?
Vinicius Mendes: Yo puedo decir que Bolsonaro es una figura muy dominante en la extrema derecha en Brasil. Así que si no está para disputar las elecciones, hay muchos otros nombres que están en la disputa, pero esos nombres no tienen el carisma, no tienen la capacidad política y social de Bolsonaro. Creo que lo más importante de entender respecto a la imagen, a la figura de Bolsonaro, – que yo no veo en la prensa o a ningún especialista diciendo – es que el bolsonarismo como fenómeno social es lo más fuerte que hay en la vida social y republicana de Brasil.

Podemos pensar en otros movimientos, otros liderazgos políticos en el pasado, como por ejemplo, Getúlio Vargas, un presidente del siglo XX que fue muy popular. O Juscelino Kubitschek, el constructor de Brasilia. O mismo Lula, que se fue en su momento un presidente muy popular, pero el bolsonarismo es más que un fenómeno político, de masa, de ser popular. El bolsonarismo es una forma, una manera de ser, una manera de pensar y de practicar la vida. Y es importante resaltar también que el bolsonarismo es eso porque logró juntar todas las variables, las distintas variables de la extrema derecha que estaban como dispersas, que estaban en distintas partes de la vida social de Brasil. O sea, Bolsonaro es esta figura que, sin tener la gana de hacerlo, consigue juntar todas estas personas, todos estos fenómenos sociales y poner su nombre, el bolsonarismo.
Así que el juicio de Bolsonaro no es solamente el juicio de su figura, es además un juicio a esta manera de pensar y de ver las cosas. Es por ello que, desde el punto de vista social, es lo más importante que hay este juicio. Desde el punto de vista electoral, la derecha se queda enflaquecida, aún no muerta, porque Lula no está en su mejor momento y hay figuras que están como fuertes para esta disputa, como el gobernador de São Paulo, Tarcísio de Freitas, o el gobernador del estado de Goiás, que se llama Ronaldo Callado, o mismo otras personas cercanas a Bolsonaro, como su mujer, Michelle, o uno de sus hijos. Pero sí, enjuiciarlo le queda muy difícil a él y a su proyecto para las elecciones del próximo año.
EM: ¿Qué papel juegan las Fuerzas Armadas en este proceso, considerando la implicación de altos mandos militares en la investigación?
VM: Yo veo que es la primera vez que Brasil enjuicia a miembros de las Fuerzas Armadas de esta manera en la historia republicana. En el fin de la dictadura de los 80, Brasil pasó a ser una democracia sin hacerlo, sin hacerle el juicio de los militares que estaban en el poder, que quedaron en el poder por 20 años. Hay muchos analistas que sostienen que este proceso, de no tener el juicio en aquel momento, fue determinante para la existencia de Bolsonaro.
Y en este momento las fuerzas están divididas. Hay como una parte que es institucionalizada, están en papel de “vamos a jugar el juego como debe ser jugado”. La mentalidad apunta a que es mejor estar en el gobierno y asumir su rol de ser una institución del Estado, pero sin tener el control del Estado. Los militares que piensan eso, no porque son democráticos, saben que las fuerzas hoy en Brasil no tienen la fuerza política para controlar, para administrar el país, no tiene la inteligencia, no tiene los recursos, entonces es mejor formar parte del Estado que controlar al Estado.

Otras partes, notadamente en la Marina, tienen un perfil como mucho más radical, que estaban muy cerca a Bolsonaro, y estaban como dispuestas a hacer el golpe, que es lo que en definitiva está en juicio hoy. Entonces yo no creo que van a perder totalmente su crédito en la sociedad porque parte de la sociedad brasileña es bolsonarista y parte muy fuerte de la sociedad le da a las fuerzas armadas un rol muy importante, muy político, muy poderoso.
EM: ¿Existe evidencia suficiente para sostener las acusaciones contra Bolsonaro, o podrían estos cargos ser utilizados como una herramienta política para debilitar a la oposición? Como mencionó el expresidente, ¿se trata de una persecución política?
VM: No es una persecución política, en absoluto. Hay muchas evidencia de que él estaba involucrado en los planes de tomar el poder de Brasil mediante la fuerza. Las reuniones, las conversaciones, los recursos, hay mucha, mucha evidencia, hay mucha cosa. Hay tanta cosa que cuando salió el proceso, cuando salió el juicio, mucha gente se preguntó cómo todavía no fue detenido, por qué todavía no está encarcelado. Una de las evidencias más notables, increíbles, fue, por ejemplo, cuando un papel del plan del golpe salió de una computadora de su gabinete en el Palacio de Planalto. O sea, lo hicieron en su computadora, en su mesa.
También hay menciones a como hay un reportaje de la revista brasileña Piauí, hecha por un reportero llamado Breno Pires, que hace como una cronología de lo que pasó, y muestra cómo el mismo día que estaban elaborando el plan de tomar poder, Bolsonaro fue a la prensa a decir que iban a pasar cosas que no podría mencionar, pero que iban a suceder efectivamente. Esto ocurrió el mismo día que cerraron el plan de tomar el control del Estado. Entonces hay como demasiado evidencia, y queda claro que la corte hay todas las evidencias para hacer el mejor juicio, el más justo posible.
EM: ¿Cuál es el impacto de la decisión de la Corte Suprema en la estabilidad política de Brasil?
VM: Yo creo que no hay, por ahora no hay grandes impactos. Esta es una buena pregunta, porque si esto pasaba 5, 4 años atrás, sí, estaríamos involucrados en una gravísima crisis política, gravísima, porque en aquel momento el bolsonarismo era una fuerza muy más potente, mucho más fuerte de lo que es hoy. El bolsonarismo se quedó un poco “deshilachado”, se puede decir, después que Lula ganó las elecciones con el respaldo de los países aliados como Estados Unidos, de parte significativa de la sociedad y de la justicia. Desde entonces, Bolsonaro colecciona perdidas políticas, desde su rol en este golpe hasta por ejemplo su juicio, y el hecho de que no puede presentarse a elecciones hasta 2030.
Entre sus personas más cercanas hay un pastor que se llama Silas Malafaya, un exactor de novelas que se llama Mauro Frías y todos los militares, toda esta gente se quedó muy “pobre” en la esfera política de la derecha. Entonces yo creo que no es importante decir, por ejemplo, que Bolsonaro llamó una manifestación para expresar apoyo a él hace como dos semanas en Río de Janeiro a la cual no concurrió tanto gente, había como 20 mil personas, cuando en sus mejores momentos juntaba como un millón en Río de Janeiro y otras ciudades de Brasil. Y hoy muy poca gente.
Su capacidad de protesta es más pequeña que de otros actores políticos actuales en Brasil, como por ejemplo de candidatos o nombres de la política de São Paulo, siendo el caso de Pablo Marzal. En la elección municipal de San Pablo, la elección de la ciudad, el año pasado, se posicionó muy fuerte, puso mucha gente a la calle. Y este chico tenía más capacidad de protestas, de llamar protestas, que el propio Bolsonaro.
EM: ¿Cómo mira la izquierda esta decisión? ¿Es una oportunidad política de cara a las elecciones?
VM: La izquierda en Brasil está “muy flaca” también. Esta añade una complejidad a la situación, al contexto, porque Lula no está en su mejor momento. Brasil tiene hoy, a pesar de vivir un buen momento económico, en parte, tiene una tasa de desempleo muy baja, las familias están con más recursos para consumo, el país creció en el año pasado, pero por una serie de cuestiones que van desde la guerra en Ucrania hasta los fenómenos climáticos, la comida se volvió muy cara, está inflacionada, y la comida es lo que pesa porque Brasil es un país pobre entonces la más gran parte de la población necesita de ayuda del gobierno y no tiene plata para comer todo lo que debería todos los días. Es por ello que, cuando los precios de la comida suben, es un factor que impacta negativamente al gobierno y eso está pasando hoy.
Además, el parlamento de Brasil hace como 10 años es un actor politico muy fuerte, existen muchas herramientas de poder que pueden poner en la mesa y complicar al gobierno el ejecutivo. Eso es lo que están haciendo con Lula hoy, es lo que llamamos en Brasil el Centrão, el gran centro, que tienen gente que no son ni de izquierda ni de derecha, pero están dispuestos a negociar todo por plata, por recursos, por poder político.

También porque como el gobierno de Lula tiene una disposición a usar los recursos públicos para sus programas sociales, para beneficiar a las familias más pobres, eso queda muy mal a los ojos del mercado financiero. Hoy en día, el mercado financiero de Brasil es considerado como el mercado financiero de Latinoamérica, y a ellos les cae muy mal que el gobierno gaste el dinero con programas sociales. Estos actores económicos tienen poder, tienen mucho poder económico, así que todo esto hace que el gobierno de Lula se quede muy debilitado. Dicha situación también genera un impacto directo en la izquierda brasileña, que está perdida hace mucho tiempo. A esto se suma el hecho de que no se sabe a ciencia cierta, hoy, si Lula va a ser candidato por su avanzada edad y porque no hay otro nombre. Entonces, eso es un dilema.
EM: ¿Cuál es la percepción pública del juicio?
VM: En cuanto a la percepción del juicio, yo creo que las visiones están muy divididas entre los dos grandes lados de la disputa política de Brasil. Por un lado, está la gente más a la derecha, los bolsonaristas, y la gente que no es tan bolsonarista, pero que no le gusta Lula, que puede llegar a percibir – y creer – una verdad en este discurso de Bolsonaro, de que es una persecución política.
Del otro lado, hay parte importante de la sociedad que está en duda, no sabe qué pensar, porque de un lado hay pruebas, pero también hay pruebas de otro, como está Bolsonaro diciendo de una manera muy sensible en la prensa que es una persecución política. Mientras que también existe otra gran parte que quiere vengarse y busca justicia con esto.

Es muy incierta lo que va a pasar en Brasil el día que Bolsonaro sea detenido, eso va a acontecer, es inevitable. El día de su detención la clave van a ser los detalles, las cosas pequeñas que van a circular en las redes sociales, la manera de la prensa de discutir, su discurso, las imágenes, todo van a ser determinantes de cómo la sociedad va a reaccionar. Yo creo que no va a tener grandes movimientos, pero es obvio que la gente volverá a manifestarse a la calle otra vez y también se suscitarán reacciones en el exterior, pensando por ejemplo en Estados Unidos.
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