Según un informe del grupo de expertos en energía Ember, Europa incrementó la importación de gas ruso en 2024, lo que supuso un aporte financiero significativo para Moscú en el contexto de la guerra en Ucrania, aportando 21.900 millones de euros el año pasado, superando los 18.700 millones de euros destinados en ayuda financiera a Ucrania.

La Unión Europea (UE), que ha comprometido más de 194.000 millones de dólares en asistencia a Ucrania desde el inicio de la guerra, había fijado como meta la eliminación progresiva del gas ruso para 2027, no obstante, las importaciones aumentaron un 18 % en 2024, lo que genera cuestionamientos sobre la efectividad de su estrategia energética.
Ember destacó que la dependencia del gas fósil sigue representando un desafío para los objetivos de seguridad, estabilidad económica y transición energética del bloque, donde la organización instó a la UE a trazar un plan concreto para reducir la compra de gas ruso y acelerar su transición a fuentes renovables.
Disminución del suministro de gas ruso a Europa
Si bien la tendencia reciente indica un aumento en las importaciones, el flujo de gas ruso hacia Europa se ha reducido drásticamente desde la invasión de Ucrania en febrero de 2022.
Según el Instituto de Estudios Energéticos de Oxford (OIES), la UE importó 142 mil millones de metros cúbicos (bcm) de gas ruso en 2021, mientras que en 2024 la cifra se redujo a 31 bcm, con proyecciones de caída a 16-18 bcm en 2025.

Esta reducción responde a la interrupción de varios gasoductos clave, debido a que, en septiembre de 2022, los gasoductos Nord Stream I y II sufrieron explosiones, eliminando una capacidad de 110 bcm anuales, además, el gasoducto Yamal, que transportaba gas a través de Polonia, dejó de operar en mayo de 2022, mientras que el contrato de tránsito con Ucrania expiró en diciembre de 2023 sin renovación.
Actualmente, el único gasoducto activo que transporta gas ruso a Europa es TurkStream, cuya capacidad máxima es de 20 bcm anuales.
El impacto económico y geopolítico
El informe del OIES señala que la reducción de las importaciones de gas ruso no será fácil de revertir, incluso si se llegara a un alto el fuego en Ucrania. La reactivación de los gasoductos requeriría inversiones para reparaciones, acuerdos comerciales y la resolución de disputas legales por incumplimiento de contratos.

Un informe de la Escuela de Economía de Kiev estimó que Rusia obtuvo 189.000 millones de dólares en ingresos por petróleo y productos refinados en 2024, superando los 178.000 millones de 2023, que se han mantenido mediante rutas alternativas, como el uso de una “flota fantasma” que evade sanciones.
¿Estrategia política o necesidad económica?
Ember argumenta que el aumento de las inversiones en infraestructura de importación de gas podría generar un superávit de 131 bcm para 2030, desviando recursos de la transición a energías renovables.
No obstante, expertos como Jonathan Stern, director del OIES, sostienen que la inversión en gas sigue siendo necesaria a corto plazo: “Si bien para 2050 la respuesta puede ser diferente, en la actualidad la mayoría de los gobiernos europeos siguen considerando el gas como una inversión viable”, afirmó Stern.

Además, la situación de la empresa estatal rusa Gazprom refleja el impacto de las sanciones y la pérdida de mercado en Europa, donde según Aslanoglou, la compañía atraviesa dificultades financieras y apenas logra mantener su red de gasoductos internos, muchos de los cuales tienen entre 50 y 60 años de antigüedad.
Ucrania intensifica su estrategia contra la infraestructura energética rusa
Ucrania ha adoptado una postura más activa para reducir los ingresos energéticos de Rusia, ya que, desde septiembre de 2023, los ataques con drones de largo alcance han tenido como objetivo instalaciones clave, incluyendo el compresor Russkaya, que presuriza el gas transportado a través de TurkStream.

El 13 de enero, Rusia informó que interceptó nueve drones dirigidos a esta infraestructura, y el 1 de marzo afirmó haber derribado tres más. Asimismo, el 17 de febrero, un ataque ucraniano logró dañar la terminal de exportación de crudo en Novorossiysk, en el Mar Negro.
El reciente alto el fuego en el Mar Negro, anunciado por Moscú, podría estar vinculado con la necesidad de proteger estos activos estratégicos.
La transición energética en Europa
Más allá del conflicto, la Agencia Internacional de Energía (AIE) reportó avances en la descarbonización global. En 2023, la demanda mundial de energía creció un 2,2 %, pero las emisiones solo aumentaron un 0,8 %, gracias a la expansión de la capacidad renovable en 700 gigavatios.

En este contexto, Ember sostiene que Europa debe acelerar su transición energética, no solo para reducir su dependencia de Rusia, sino también para evitar la volatilidad del mercado de hidrocarburos y cumplir con sus objetivos climáticos, además, según Eurostat, la UE produjo apenas el 37 % de la energía que consumió en 2023, lo que refuerza la necesidad de desarrollar fuentes de energía propias y sostenibles.
La cuestión clave sigue siendo si Europa priorizará la seguridad energética a corto plazo con el gas ruso o si optará por una transformación estructural hacia las energías renovables para reducir su vulnerabilidad a futuro.
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